top of page

DEPRESION

​

El sentido común nos hace asociar la palabra “Depresión” a: tristeza o llanto . No obstante,  lo característico de esta patología es la ausencia de deseo. Cabe aclarar que cuando hablamos de deseo lo hacemos en el sentido amplio de la palabra, no nos referimos pura y exclusivamente al deseo sexual (si bien lo incluye) sino  a las “motivaciones” que le dan sentido a la vida y la satisfacción que nos generan diferentes situaciones cotidianas  (como  las ganas de comer un chocolate) o en relación a proyectos futuros (el entusiasmo de planificar un viaje).  Cuando una persona está deprimida ha perdido la capacidad de anhelar, de querer, de desear. La  proyección hacia un futuro prometedor con   metas y objetivos no se vivencia como una posibilidad, por el contrario rige la desesperanza. Como correlato  también suele encontrarse afectada la capacidad de sentir placer.

La de depresión puede manifestarse de múltiples maneras: tristeza profunda, dificultades para salir de la cama, falta de voluntad, irritabilidad (en el fondo de todo enojo hay angustia), trastornos alimentarios (no tener deseos de comer o comer en exceso por ansiedad, lo que comúnmente llamamos “ansiedad oral”), trastornos en el sueño (dormir muchas horas, no poder conciliar el sueño o levantarse varias veces durante la noche), llanto,  consumo de alcohol o algún tipo de sustancia etc.

Es importante una consulta psicológica que pueda ayudar al paciente a detectar que suceso o situación  desencadeno dicho estado anímico, porque además de situaciones “actuales” hay motivos no conscientes que confluyen incrementando el malestar. Poder detectarlos es parte del trabajo de análisis para posteriormente  volver a revitalizar el deseo y anudarlo a nuevos proyectos o retomar aquellos que habían quedado truncos.  La forma de resolución de la patología es individual, no hay recetas “generales” cada paciente y su historia constituye un universo único y especial. 

​

​

FOBIAS

 

La fobia se define como un temor excesivo a algún objeto (por ejemplo araña) o situación (por ejemplo volar). El mecanismo de formación de esta patología implica el desplazamiento de  algún conflicto emocional latente y su posterior anudamiento a un objeto o situación particular.

Es importante destacar la necesidad que trabajar con un terapeuta  para desentrañar que otro tipo de conflicto afectivo se esconde  y anuda de manera inconsciente a este temor aparente.

​

​

 

 

ATAQUE DE PANICO/ANSIEDAD

  

En los últimos años se acrecentaron exponencialmente  las consultas por  “ataque de pánico”,  diagnóstico que ha invadido la jerga cotidiana.  ¿Quién no conoce a alguien o ha sufrido en carne propia alguna de estas crisis? Es importante que sepamos que cada época produce un modo de enfermar  específico ligada al contexto. La sociedad moderna tiene como denominador común la falta de tiempo, corremos de acá para allá,  estamos tapados de muchísimas responsabilidades a las que queremos responder en su totalidad, en esta vorágine vamos  acumulando progresivamente stress y preocupaciones. Nos sentimos cada vez más presionados. El famoso “ataque de pánico” se caracteriza por presentar alguno (o todos) de estos síntomas: dificultad para respirar, palpitaciones, sudoración en las manos, dolor de estómago, de cabeza, sensación de irrealidad, sensación de muerte inminente o de que se puede perder la cordura. Es el sentimiento de  una pérdida de control física y/o psíquica. 

 Esto viene anudado a lo que llamamos ansiedad anticipatoria: una vez que ocurrió el ataque el paciente teme que esta vivencia vuelva a  repetirse ingresando de este modo en un círculo que se retroalimenta. Muchos de los pacientes movilizados por esta sensación  comienzan a evitar progresivamente lugares o situaciones asociados al ataque, como por ejemplo, viajar en transporte público , o quedarse solos en el domicilio, esto ocurra obstaculizando el despliegue de su vida cotidiana.

Por supuesto que también tenemos  expresiones incompletas de esta afección que si bien no llegan al “ataque de pánico”  revisten síntomas de ansiedad de cierta magnitud: miedos contantes a contraer enfermedades,  temor a salir de la casa, a presentarse en público, a rendir exámenes,  vivencia constante de apremio e inquietud, dificultades para esperar, etc. 

Como planteamos más arriba si la depresión es la dificultad para visualizar un futuro, la ansiedad en sus diversas manifestaciones (que incluye el “ataque de pánico” que sería su máxima expresión) se vincula con el malestar que genera la incertidumbre del futuro.

 El depresivo queda anclado al pasado y sus recuerdos nostálgicos, sin esperanzas en relación  al futuro se puede disfrutar el presente. El ansioso, por el contrario, no pude vivenciar el hoy ya que su mente se estaría anticipando de manera constante a lo que ocurriría o podría pasar. Ambas patologías como verán afectan la posibilidad de transitar un presente de bienestar.

Cabe aclarar que la mayoría de las veces, ante el “ataque de pánico” el paciente cree tener alguna patología clínica por la magnitud de las sensaciones corporales. En muchas ocasiones, urgido, suele asistir a alguna guardia donde luego de los chequeos clínicos el médico suele darle la devolución: “no tiene nada, es emocional, consulte a un psicólogo”. Esta situación deja al paciente desconcertado por lo que es imprescindible  la consulta con un psicólogo para conseguir que poco a poco pueda ir conectando estas sensaciones  fisiológicas corporales  originadas por la ansiedad con alguna preocupación o situación vital actual y/o pasada.  Con el terapeuta se construirá la causa de esta eclosión de malestar y con eso el alivio sintomático.

redpsicologosasociados.jpg

© 2024 Psicologos Asociados todos los derechos reservados.

bottom of page